Juan era un chico que no conocía el miedo. Pasa mil aventuras y peripecias pero no consigue saber qué es sentir miedo. Solamente al final del cuento, cuando se casa con la princesa y todo funciona perfectamente es cuando siente temor por primera vez. Hasta ese momento Juan no tenía nada y por tanto no tenía por qué temer. Sin embargo, cuando nace su amor por la princesa, con él nace también el miedo a perderla.
sábado, 21 de febrero de 2009
domingo, 15 de febrero de 2009
Mili esta loca
jueves, 12 de febrero de 2009
domingo, 8 de febrero de 2009
miércoles, 4 de febrero de 2009
martes, 3 de febrero de 2009
Promesas Decepciones
Que equivocados que estabamos al pensar que la eternidad iba a ser, para siempre estaré.
Me prometiste y me mentiste, te prometí, nunca mentí; fijate, un castigo haz de merecer.
Decepción, es algo que no hubo entre los dos, y al final tu lo hiciste algo real.
Tacha todas las veces que te dije algo de este corazón, retiro lo dicho.
Recuerda que siempre tu fuiste quien me daba ganas de ser una mujer de bien.
Me prometiste y me mentiste, te prometí, nunca mentí; fijate, un castigo haz de merecer.
Decepción, es algo que no hubo entre los dos, y al final tu lo hiciste algo real.
Tacha todas las veces que te dije algo de este corazón, retiro lo dicho.
Recuerda que siempre tu fuiste quien me daba ganas de ser una mujer de bien.
lunes, 2 de febrero de 2009
Mucho más grave

Todas las parcelas de mi vida tienen algo tuyo, y eso en verdad no es nada extraordinario, vos lo sabés tan objetivamente como yo. Sin embargo hay algo que quisiera aclararte: cuando digo todas las parcelas no me refiero sólo a esto de ahora, a esto de esperarte y aleluya encontrarte, y carajo perderte, y volver a encontrar, y ojalá nada más. No me refiero sólo a que de pronto digas: voy a llorar; y yo con un discreto nudo en la garganta: bueno llorá. Y que un lindo aguacero invisible nos ampare y quizá por eso salga enseguida el sol.
Ni me refiero sólo a que día tras día aumente el stock de nuestras pequeñas y decisivas complicidades, o que yo pueda o creerme que puedo convertir mis reveses en victorias, o me hagas el tierno regalo de tu más reciente desesperación.
No, la cosa es muchísimo más grave; cuando digo todas la parcelas quiero decir que además de ese dulce cataclismo, también estas rescribiendo mi infancia, esa edad en que uno dice cosas adultas y solemnes, y los solemnes adultos las celebran y vos en cambio sabés que eso no sirve. Quiero decir que estás rearmando mi adolescencia, ese tiempo en que fui un viejo cargado de recelos, y vos sabés en cambio extraer de ese páramo mi germen de alegría y regalarlo mirándolo. Quiero decir que estás sucumbiendo mi juventud, ese cántaro que nadie tomó nunca en sus manos, esa sombra que nadie arrimó a su sombra y vos en cambio sabés estremecerla hasta que empiecen a caer las hojas secas y quede la armazón de mi verdad sin proezas. Quiero decir que estás abrazando mi madurez, esta mezcla de estupor y experiencia, este extraño confín de angustia y nieve, esta bujía que ilumina la muerte, este precipicio de la pobre vida.
Como ves es más grave, muchísimo más grave, porque con éstas o con otras palabras quiero decir que no sos tan sólo la querida muchacha que sos, sino también las espléndidas o cautelosas mujeres que quise o quiero, porque gracias a vos he descubierto (dirás ya era hora y con razón) que el amor es una bahía linda y generosa, que se ilumina y se oscurece según venga la vida, una bahía donde los barcos llegan y se van, llegan con pájaros y augurios, y se van con sirenas y nubarrones. Una bahía linda y generosa donde los barcos llegan y se van, pero vos, por favor,
no te vayas.
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